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jueves, 21 de julio de 2011

Levaduras, mohos, hongos - 3 parte


Aun cuando el micelio es capaz de reproducirse los hongos producen esporas para llenar dos fines: la dispersión de la planta o bien para resistir condiciones externas desfavorables. La espora que produce la dispersión de la planta se forma con un propósito muy semejante al de la semilla ¡enjibre. La espora de resistencia o de reposo, en cambio, no tiene analogía exacta en la botánica ordinaria. Se produce usualmente cuando la forma vegetativa del hongo es amenazada por la sequía o algún otro factor externo que pueda reducir el alimento disponible.

No todos los hongos producen los dos tipos de esporas. El hongo común de sombrero, por ejemplo, sólo posee la destinada a la dispersión. El color castaño rosáceo de la parte inferior del sombrero de los hongos comestibles comunes se debe a los millones de esporas allí formadas.

Tanto las esporas de dispersión como las de resistencia aparecen reunidas en masa, en receptáculos de distinta forma llamados esporangios. Tales masas, envueltas por una cubierta pueden verse y aun desprenderse del material al que están adheridas, con los dedos.

Existe un hongo, cuya denominación científica es Sphaerobolus, cuyas esporas de dispersión son lanzadas a varios metros de distancia por su receptáculo, que oficia de cañón. Esta verdadera curiosidad de la Naturaleza ha motivado la realización del llamado Gran Concurso Internacional de Artillería entre Hongos, que tiene lugar desde hace varios años. La bala (espora) es una esfera perfecta de un diámetro de un milímetro y cuarto y el cañón (receptáculo o esporangio) mide cinco milímetros de diámetro y otro tanto de altura. En esta original competencia internacional anual el récord de altura de lanzamiento de la bala ha alcanzado a 4.35 metros, en EE. UU. El alcance horizontal máximo fue de 5.60 metros, en Canadá.

El número de hongos que pueden hallarse en suelo que no haya sido abonado recientemente con materia descomponible es de alrededor de un millón por gramo de tierra. O sea, un millón de esporas o pequeños trozos de micelios capaces de desarrollarse a su vez. Un solo trozo de micelio si se lo tritura con tierra o se lo desintegra, puede originar más de un organismo.

lunes, 18 de julio de 2011

Levaduras, mohos, hongos - 2 parte


Las levaduras y también algunas variedades de hongo no poseen micelios verdaderos sino similares que son considerados variantes "degeneradas" en la escala evolutiva y provenientes de otras formas que sí los poseían.

El micelio es simplemente un filamento que constituye el aparato de nutrición de los hongos. Los de sombrero son sólo los cuerpos fructíferos o receptáculos de esporas de otros hongos cuyos micelios se ramifican dentro del terreno o del tronco donde crecieron.

El micelio crece. Una parte, la más antigua, puede hallarse en estado de descomposición, mientras que la otra parte está creciendo. Por ello es difícil determinar dónde empieza o termina el hongo.

El micelio es una hilera de células; miles de células que componen el filamento que puede llegar a medir varios metros de largo pero su diámetro es siempre el de una sola célula.

Las levaduras son monocelulares. La mayoría de los otros hongos son multicelulares en alguna etapa de su vida. Los hongos multicelulares pueden desarrollar una forma monocelular llamada espora. Las bacterias, por su parte, son todas monocelulares y algunas forman asimismo estructuras de una sola célula igualmente llamadas esporas.

Sin embargo, las esporas de los hongos y las de las bacterias son bastante diferentes. La espora de un hongo es una forma especial de micelio que contiene un solo núcleo. Es una estructura microscópica semejante al germen de la semilla, pues contiene en sí misma la potencialidad de reproducir una planta semejante a la que le dio origen. Las esporas pueden formarse asexualmente o después de un proceso sexual.

sábado, 16 de julio de 2011

Levaduras, mohos, hongos - 1 parte


No existe una definición satisfactoria para los hongos. Formarían otra clase de plantas sin clorofila, de las que parasitan en otras plantas verdes. Pero los hongos pueden considerarse como plantas bajas en la escala evolutiva, desprovistas de la sustancia que les permite hacer uso directo de la luz solar porque pueden vivir en ausencia de ella. Algunos hongos son parásitos, pero la mayoría no lo son. Los parásitos obtienen los elementos de su nutrición del huésped, aunque pasan por una etapa no parasitaria en su vida. El huésped puede ser animal o vegetal. No se ha descubierto ninguna especie de hongo capaz de parasitar simultáneamente a un animal y a un vegetal.

Los hongos no parásitos tienen necesariamente que encontrar su azúcar ya formada. Sus fuentes de azúcar natural más comunes son los restos de plantas recientemente muertas. Es aquí donde surge la enorme importancia de la actividad de los hongos al promover las primeras etapas de la desintegración y descomposición de los residuos vegetales.

El hábito microbiano de alimentarse no parasitariamente sobre la materia muerta se denomina saprofitismo. Gran número de hongos parásitos son productores de enfermedades mientras que muchos de los hongos útiles a la Humanidad son saprofitos. Sin embargo, algunos de éstos últimos no son muy bien recibidos por nosotros, justamente por desconocer su útil función.

El moho azulado que a menudo aparece sobre una naranja o el aparentemente más verdoso que crece sobre la cascara de los limones hace que esas frutas pierdan valor de comercialización. El consumidor lo considera algo muy semejante a una enfermedad.

Ahora bien, dondequiera que aparezca tal crecimiento de hongos sobre una fruta puede suponerse que ésta ha sido dañada previamente allí. Ese daño puede ser simplemente un pequeño golpe en el lugar posteriormente colonizado por el moho, pero el golpe ha destruido la integridad y vitalidad de la naranja o del limón solamente en ese punto. Y es allí y nada más donde una u otra especie de Penicillium (mohos azules o verdes) ha encontrado condiciones favorables y ha fundado su población.

El grupo Penicillium de mohos es favorecido por las condiciones presentes en los citrus dañados. Cuando surgen no hacen más que atestiguar la urgencia de restaurar el material vegetal localmente dañado, desvitalizado o tal vez muerto, y empiezan a trabajar para volverlo a la circulación como alimento para las plantas superiores.

La propagación y reproducción de los hongos sobreviene en forma fundamental a través del micelio, que es el tallo constituido por delgadísimos filamentos que pueden observarse sin dificultad propagándose en masas bajo la tierra donde crece un hongo de los llamados de sombrero.

lunes, 11 de julio de 2011

LOS MICROBIOS SON POTENCIALMENTE INMORTALES


Si consideramos solamente tres reinos —animal, vegetal y mineral—, los microbios pueden pertenecer, según su especie, a uno u otro de los reinos animal o vegetal, o quizá a ambos o a ninguno. Siendo seres vivos no pueden clasificarse en el tercero de los reinos mencionados.

Algunos hombres de ciencia han sugerido la posibilidad de formación de un cuarto reino, intermedio entre las plantas y los animales. Se propone el nombre de "protistas" para los que lo integran. Hay también razones para la constitución de un quinto reino, que incluya a los virus. Estos cuerpos son tan pequeños que se les llama ultramicrobios, pero nadie sabe a ciencia cierta si tienen o no vida. Tampoco son minerales.

Los microorganismos no mueren. Cuando lo hacen es por causas exteriores, completamente ajenas a ellos, como la elevación excesiva de la temperatura y la acción de ciertas sustancias químicas muy activas.

Él bacteriólogo inglés Hugh Nicol señalaba que la inmortalidad de estos diminutos seres es semejante "a lo que sería la nuestra, si nunca muriéramos por enfermedad o vejez, sino por efecto de una catástrofe, tal como una gran sequía, inundación o erupción volcánica".

La célula microbiana no sólo es capaz de llevar una existencia independiente, sino que puede reproducirse sola. Los microbios se reproducen por división: uno se transforma en dos.

La reproducción sexual es la única existente en los organismos superiores, si exceptuamos la propagación de plantas por retoños y otras formas similares. En los microorganismos, que no sean bacterias por cuanto éstas siempre se dividen espontáneamente, un proceso reproductivo sexual puede alternar con otro asexual.

No ha podido saberse cabalmente qué induce a una célula microbiana a reproducirse por división. Se ha demostrado que un ambiente propicio favorece tai división. La temperatura, por ejemplo, ejerce una función sumamente importante y, dentro de ciertos límites, un incremento de la temperatura induce a una división más frecuente de las células microbianas.

En el caso de una bacteria de cierta especie coliforme, una temperatura de veinte grados centígrados produce una división cada sesenta minutos. Una temperatura de cuarenta grados hace que esa división ocurra cada diecisiete minutos.

El alimento es, también, muy importante para esta reproducción de los microorganismos. Debe ser no solamente abundante sino utilizable. Es imperiosa la existencia de agua que posibilita la vida y la hace fácil.

Hay otros factores como el grado de acidez del contorno. Si hay calor, alimento, humedad y los otros factores necesarios puede afirmarse que los microbios se seguirán multiplicando hasta acabar con el alimento. Luego morirán de hambre o bien adoptarán alguna de las formas de resistencia que ciertas clases suelen tomar en condiciones desfavorables. Hallándose en medios adversos para sus formas vegetativas, muchas bacterias y algunos hongos microscópicos forman esporas y algunos protozoarios producen quistes.